lunes, 28 de enero de 2013

Yo, te pájaro.

Te pájaro.
Te pájaro de esa forma que desconcierta hasta las palomas cuando se acercan a observarnos mientras nos comemos en un banco. Te pájaro aun sin conocerte. Los ratones saben bien cómo es ese tipo de pájaro. Los gatos tiemblan cuando escuchan mis palabras fluyendo cada noche hablándoles de ti. Ya están aburridos de tanto domingo y de que les mire con ojos de luna y les suelte mi charla ancestral de dudas y quejas. Ya están cansados de oír hablar de tu felicidad y la mía, de mi tristeza y agonía, de mis ganas y tu pies.
Todo sea por un buen trozo de pescado que roer esta noche.
Te pájaro aun sin pájaro en el frío de las calles, en las miradas ausentes, en las guitarras viejas que tocan por Sol. Te pájaro libre y agónico donde quiera que estés. Te pájaro feliz y dichoso y tocando la cima del Everest con la llema de los dedos cuando sonríes sin temor.
Te pájaro.
Y así mi alma te lo dice, aunque no me pájaro tú.