martes, 4 de noviembre de 2014

Sirena

Desde que se desquició el universo, no he dispuesto ni un momento de cordura en su compañía. Señalando que llegué a la conclusión de que todo está basado en los opuestos, o de un lado o del otro, dividí mi mundo en tierra y agua. Poderosa y notablemente más abundante, el agua; firme y llena de vida, la tierra. Siempre en las orillas comenzó mi espera, de la estrella que nunca llegaba, de las melodías que siempre se perdían cerca del final, donde todo empieza. Sintiendo frío, calor, entusiasmo, miedo, vértigo… notaba que algo se me escapaba. Jamás me había cuestionado por qué esa cadena al tobillo, permitiéndome ir a cualquier sitio dentro de mis islas, pero que terminaba perdiéndose en el mar. Cuando intenté perseguirla y llegar hasta el final, casi termina ahogada, pero continué con la búsqueda; la cadena parecía acortarse cada vez más, ya no podía subirme al acantilado. Pese a que continué con mi vida, renegando, conociendo, arriesgando, implorando el calor de brazos ajenos, gritando por las noches en silencio, despellejando mi alma frente a buitres carroñeros, respirando tu mismo aire, pese a estar a veces tan lejos, siendo desleal a mis llamadas por motivos que nunca entendería hasta llegado el momento… pese a todo eso, la cadena jamás regresó a su tamaño de antaño y mi frustración crecía conforme menguaba su longitud. Y de dónde cojones saldría esa cadena y por qué no paraba de arrastrarme hacia las aguas desconocidas de este mi mundo. Cuando por fin decidí romper mi standby y volar, seguía sin poder traspasar las nubes, así que fui en busca del principio, o final, de aquella atadura que empezaba a taladrar mi cordura. Me sumergí mucho tiempo en las aguas, tan oscuras y desconocidas que me hacía temblar. Y parecía que jamás llegaría a lo que buscaba, que no sabía exactamente lo que era, y tampoco estaba muy segura de querer quererlo saber. De vez en cuando salía a la superficie, y tenía tanto miedo de intentarlo una vez más que la cadena se hubiese achicado tanto que no me dejase volver a coger aire, que me armé de un valor sobrehumano y me encaré conmigo misma, nunca mejor dicho:
Flotando entre las tenues aguas de aquel desierto mojado, la encontré jugueteando con un ancla majestuosa, casi irreal, como si estuviesen imantados, la sirena no se apartaba de ella más de cierta distancia. No sé cuánto tiempo pasé observando la escena, tratando de averiguar quién era ella y qué hacía aquel ancla atada a mi pie. Sus movimientos eran gráciles, de una simulada delicadeza que no engañaría a nadie; tenía una melena frondosa, aunque extrañamente familiar, que me impedía reconocer su rostro. Cuando decidí acercarme, rompí el silencio, la quietud, y, al parecer, su descuidada danza alrededor del ancla. Se giró bruscamente y entonces me reconocí. Sufrí una parálisis momentánea de la que me resucitó mi sirena con una risa estridente que, pese a encontrarnos bajo el agua, retumbó por todo el mar. Se acercó al ancla y la agarró con ambas manos en su parte más baja, me dedicó una extraña sonrisa y tiró del ancla hacia el fondo con un movimiento majestuoso, elegante, feroz, simple, poderoso… Me quedé pasmada ante aquella muestra de poder hasta que la cadena me asió el pie y tiró de mí bruscamente. Entonces lo entendí todo; quienes éramos, contra quien estaba intentando luchar. Me enfrentaba a mí misma en este duelo, a mi polo opuesto, si pudiese llamarlo así, porque en realidad me resultó muy familiar, como si llevase viviendo con ella toda la vida (y en cierto modo así era). Entendí su manera de funcionar; y es que al verla de frente, había sentido más miedo que en toda mi vida. Y al entenderlo, desprendí una luz fugaz, como si toda la felicidad que estaba sintiendo en ese momento, se concentrase en mi pecho. No pareció gustarle, arrugó la nariz y pareció algo desconcertada. Sus manos parecían querer atravesar el hierro del ancla y sus músculos se tensaron en un intento de tirar hacia el fondo. Pero brillé, y no lo consiguió. Esta vez tapó sus ojos, como si le hubiese molestado en exceso la luz. Y se separó un poco del ancla, que cuando pude tocar, percibí que era ligera como una pluma.

Desde aquella primera vez, y una vez descubierto donde todo empieza, la sirena de mi angustia, ya está agonizando. Y aunque preciosa, como siempre, toca fondo una vez más. Tras mis repetidas visitas. No la quiero por aquí de vuelta. Porque ya se quedó ciega, ya no me puede encontrar.

martes, 14 de octubre de 2014

Precipicios

Llevo sentada mucho tiempo encima de este árbol. Demasiado para lo que estoy haciendo: esperar. Y esperar, y esperar... Llevo sentada mucho tiempo encima de este árbol esperando a que en algún momento el precipicio mengue. Y es que desde aquí arriba no se ve ni siquiera el final, imaginaos lo alto que es... pero es tan hermoso visto desde aquí arriba. Al otro lado, si giro la cabeza, con cuidado, no vaya a caer, hay un mar inmenso, con una sirena perfectamente reconocible, aunque llevo un par de semanas sin verla. Y no me atrevo a bajar para comprobar si sigue allí, yo que no muy atrás había sido tan curiosa. Pero el precipicio es tan hermoso... y sin fin. Yo no veo que tenga fin. He de decir que un par de veces me han intentado bajar del árbol y que innumerables criaturas de esta jungla han venido a decir que no es, ni mucho menos, todo lo infinito que creo que es. Pero qué sabrán ellos si nunca les he visto asomarse y jamás han mirado más allá de mi árbol. A veces pienso que hay mar, otros días pienso que hay un suelo muy escarpado, copas de árboles, un gran agujero negro... De lo que estoy segura es de que es muy profundo. Pero ya ha pasado mucho tiempo, me duele el cuerpo de tanto esperar, jamás he mirado más allá del árbol, ni me he asomado al hermoso precipicio. Quizá por miedo a caerme, quizá porque siempre he estado cómoda. Tampoco nunca me había planteado escribir en estas líneas con bolígrafo azul en lugar de negro, parece un relato mucho más vivo. El caso es que me duele ya todo de tanto tiempo tonto esperando. Me bajo del árbol, aunque tardo casi medio día en llevar a cabo esta operación. Estaba entumecida, me ha costado volver a ponerme en marcha. La pantera me ha ayudado a dar unos cuantos pasos cuando por fin he tocado tierra firme. Qué diferentes se ven las cosas desde aquí abajo, es como si por fin tuviese los pies donde siempre habían querido estar. Los pasos me cuestan y la pantera ha retrocedido y me quedo sola con todo este desastre que me he montado en la cabeza, tan asustada, bloqueada, pensando en volver al árbol. Pero me grita un halcón que cómo coño voy a volver atrás tan lejos como he llegado. Y avanzo con los ojos cerrados y, cuando los abro, estoy a casi tan solo tres pasos de llegar al final. De descubrir mi verdad, de terminar con la espera. ¿A qué me tocará esperar después de descubrir qué es lo que hay realmente en el precipicio? Ya se distingue un gran valle verde y dorado a lo lejos. Doy las tres zancadas restantes sin pensar, cegada por la imagen del valle, por el ansia de saber que hay algo más. Y entonces todo se derrumba y no puedo articular ni un solo gesto: ni felicidad, ni tristeza. Todo lo que había soñado se queda colgado de la rama del árbol en la que había estado sentada tanto tiempo. Del filo de mi hermoso precipicio al final de este mismo, apenas hay más de diez metros. El tiempo que he perdido mirando desde arriba empieza a pesarme tanto en los hombros que me caigo de rodillas al suelo. Entonces, grito. Rasgado, sale de mis entrañas, a toda velocidad, se estrella contra la montaña que hay junto al valle y empieza a rebotar sin haber terminado de salir de mi garganta. Me parece infinito, tan infinito como pensaba que era mi precipicio. Ahora que ya sé mi verdad, me quedo en el borde de pie, mirando al no infinito; de mi pies al suelo, del suelo al valle, a la montaña, otra vez a mis pies. Mis pies que no reaccionan. Ahora que lo he descubierto todo y ya sé cómo es en realidad, me sigue pareciendo hermoso, pero soy incapaz de avanzar. Me quedo aquí clavada, quién sabe cuanto tiempo esperaré hasta que salte, o hasta que alguien me empuje.
"Todas las barreras son convenciones esperando a ser transcendidas. La separación es solo una ilusión" - Cloud Atlas.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Con plomo en los bolsillos

Hoy he visto a mi cerebro estrangulando a mis pulmones mientras les susurraba: "Yo sé que esto no os gusta, pero aquí mando yo". He pensado en eso de que puedo dejar todos mis vicios, menos uno. Me he implicado tanto en el estrangulamiento que al final he apalancado el piti, ya los terminaré de estrangular mañana, aún hay tiempo. Qué ironía eso de que todos menos uno. Le he echado una miradita a la botella de vino que hay en ese mueble que tan poco me gusta de la cocina. Y he sentido frío, porque estoy totalmente sola, pensando nada más que en matarme. Hoy he tenido miedo. Mi cabeza no para de saltar de un pensamiento a otro, como si estuviese jugando a la rayuela, sola. Y entonces pienso en las noches de este verano, en mi guitarra, en lo de "siéntelos, la clave es sentirlos". Y entonces pienso en ti. Es increíble como siempre acabo en el mismo lugar, con las muñecas rotas y repitiendo las mismas palabras, una y otra vez. Los mismos gestos, las mismas miradas, el mismo tacto, los mismos ojos. Una y otra vez. Pero siempre con algún detalle nuevo en tu nariz, o en tu alma, que no para de expandirse y mira que estoy lejos, pero lo noto. Los autobuses. Qué lugares. Tan llenos de gente y siempre solos, como yo. Como todos. Qué ida esta. Qué pena utilizar una frase brillante en un texto tan efímero y feo. Es como una ínfima explosión de color en un paisaje gris. Y las palabras siguen siendo las mismas. Pero al menos, son más. Qué valiente fue ese profesor sacando de nosotros la belleza. Qué tristeza que no me entienda, con todo este desorden. ¿Dónde me llevará el barco que fabriqué con todo ese plomo que tenía escondido en mi alma? Oh, vaya, se hundirá, (como eso que dicen love of lesbian de "te hundirá y me hundirá") entonces igual procede llamarle submarino. Pero seguirá teniendo forma de barco, me seguirá gustando salir a la cubierta, aunque no pueda respirar. Dejaré a mis pulmones llenarse de este agua tan densa. Y pese a que lo lógico sería que al salir a la cubierta echase a flotar, estoy unida a este barco de plomo con rumbo. Es tan pesado, avanza tan despacio. Pero tiene un destino, mantiene el rumbo fijo, aunque siempre estemos tocando fondo. Al menos lo tocamos juntos.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Reinventando

No he entendido nunca porqué se tiene miedo al cambio. De aires, de amigos, de pareja, de casa, de ciudad, de país… de mundo.


-Cuando veo que no me entiendo, que me sobran sentimientos que no dejan entrar a otros, reordeno mi habitación (sí, mi habitación, que me parece la mejor reproducción de mi cabeza en este mundo) Y hoy he tirado muebles, vaciado el armario, reorganizado y limpiado todos los cajones. Y ahora que ya está todo en su lugar por fuera, me voy a cambiar por dentro-


¿Es de ser raros no querer reproducir como una máquina todo lo que has aprendido? Los valores están ahí, si, y son importantes. La historia es innegable, y los que nos han ido enseñando paso a paso, siempre tienen sitio en nuestras vidas. Pero, el hecho de que esas personas nos hayan enseñado el mundo desde su propia mirada, no nos crea ningún contrato con ellos para reproducir exactamente lo mismo, no tenemos ninguna obligación de hacerlo. Lo más lógico es coger toda esa arcilla que han puesto en nuestras manos y crear algo totalmente nuevo, paso a paso. Y me entristece ver como muchos habéis perdido esa chispa del cambio. Y seguís con el miedo. Y eso, nos impide a una gran mayoría avanzar a paso de elefante; y nos quedamos en pasitos de tortuga. Pero al menos, avanzamos.


Con alguna pequeña reflexión de mierda tenía que empezar la limpieza, parece ser.

viernes, 13 de junio de 2014

Banal comprensión engatusada quiéreme

Ya lo he comprendido.
Vas saltando de montaña en montaña. Y en cada una de ellas arrancas una flor. Por ejemplo, ayer arrancaste la palabra "banal", y hace un par de días te dio por arrancar la florecilla de "postergado". Y ahora estás a ver si arrancas otra, que ya llevas un par de horas tirando del rabo y no consigues sacarla.
Ya lo he comprendido.
Luego las juntas todas y formas un ramo de colores muy vivos, pero que cansa a la vista y a la vida. Y no las vendes. A nadie le gustan. Y, ¿qué esperabas? No puedes banal retrógrado amnistía lucha sexo hijo de puta y bastardo, coño, belleza sobremanera inmundo era de esas que la falda de bonita manera sube tratarse como si de engatusarme quisiera.
No sé si me explico.
Los ramos mustios con flores que no coordinan, no gustan a nadie. Igual que no gusta a nadie que cojas veinte palabras que has leído en libros que has visto en la biografía de facebook de algún gilipollas famoso que, a su vez, los habrá visto en la biografía de algún colega cutureta, y las metas en una coctelera, y te salga ese potingue que no se bebería ni el más borracho de bar.
Ya lo he comprendido.
No puedes escribir midiendo todas y cada una de las palabras que pones porque sabes que van a ser leídas. Eso sale de dentro. Bien o mal, pero sale de dentro. No se trata de recolectar un millón de palabras que no entiendes y pretender que te salga algo extraordinario porque, seguramente, al final acabarás engendrando un coño de puta desgastada.
En fin, que ya lo he comprendido.

miércoles, 11 de junio de 2014

La revolución comienza en casa

Despertar con resaca.
Hacer el desayuno, comerte el coño
- o comerte el coño como desayuno-,
poner un disco de Ben,
acurrucarme en tu espalda,
apagar el iPhone,
el iPad,
el Twitter,
el Facebook,
desconectarnos
de cualquier realidad virtual
por unas horas
y bailar un vals en la cama,
salsa en el salón,
leer juntos a Montero,
cantarte unos temas,
volver a la cama y tocarnos
- en ningún momento he dicho que estuviéramos con ropa-
seguir tocándonos,
ponernos muy cachondos,
y bueno, ya sabes...
Convocar una manifestación,
salir sin bragas a la calle,
darle una propina a la desilusión,
aparcar la tristeza en un desguace,
cortarle las corbatas a los ministros
y hacer con ellas una guirnalda gigante
que de la vuelta a todo Madrid.

We can be heroes

Podría intentar expresar con mis propias palabras lo que siento cuando veo que consigues lo que has deseado, lo que te has propuesto, lo que muchos daban en ti por perdido, lo que me llena por dentro verte sonreír como el gato de Cheshire, ser rey y pobre a la vez, vivir y morir en el mismo suspiro. Podría, pero ya se me adelantó Antoine de Saint-Exupéry, y te lo va a contar:
-“Te amo” - dijo el principito…
-“Yo también te quiero” - dijo la rosa.
-“No es lo mismo” - respondió él…
"Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía…Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.
Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.
Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo. Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.
Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.
Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.
Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.
Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.
Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.”
-“Ya entendí” - dijo la rosa.
-” No lo entiendas, vívelo” -dijo el principito."Y ojalá sigas volando alto, te miraré atentamente desde el suelo. Puedes bajar a visitarme cuando quieras.
We're nothing, and nothing will help us.
Maybe we're lying, then you better not stay.
But we could be safer, just for one day.

viernes, 23 de mayo de 2014

¿Qué hay de nuevo, viejo?

La verdad es que ya no le escribo como antes. Te habrás fijado. Aunque parece que sí más profundo.
No sé si empezar con disculpas o pasar directamente a quitarme la faja. El caso es que estoy aquí, como siempre, cobarde, escribiéndote desde lejos. Porque quizá buscarte por una ciudad me llevaría demasiado tiempo.
He pasado varias veces por el callejón que da la plaza, y me he sentado en el mismo portal donde gastamos una caja entera de cigarrillos. He bailado igual que bailé esa noche que te dejé acorralarme en el escenario. Pero eso da igual, porque no estabas. También he ido un par de veces a estudiar a tu facultad, pero igual te has ido ya con un cohete de los tuyos a salvar Marte. ¿Sabes que hay un voluntariado para cuidar de niños en Marruecos? Podríamos ir juntos a salvar el mundo. Sé que no perdiste mi teléfono. Lo he comprobado. Si el de la foto es tu padre, os dais un aire.
No se me da bien el tema de que alguien me desmonte el mundo, ¿sabes? No me gusta, ni me gustará, no ser yo la que controle la situación. Y eso no es excusa para no haber merendado una tarde juntos, o dar un paseo por el parque con mi andador y tu bastón. Da igual. Siento no haber podido ser valiente, ni querer serlo ahora, no va conmigo.
Tunnel of love era una buena canción, y deberías leer el Ensayo sobre la ceguera de Saramago.
Lo que quería decir es que no soy capaz de meter a gente en mi vida a la que pueda herir sin herirme yo, o viceversa, yo que sé, como si tuviese un tapón en el culo del corazón, o del cerebro, pero que lo único que hace es acumular mierda. Que es lo único que crío últimamente.
No es que mi vida sea un camino de rosas, pero creo que fue suficiente lo que te hice esperar un saludo. Y motivos no te sobraron para no volver, y no sé los que tuviste para una despedida tan curiosa. Yo que suelo borrar toda la basura que me llega al correo.
No sé. Fue bueno conocerte. Y mi despedida llega con muchísimo retraso, pero ya sabes que estoy un poco ciega, y tengo una lista enorme de cosas que hacer antes de morir, y cosas que intentar darle antes de morir, y no soy capaz de romperla y tirarla a la basura. Bueno no digamos que soy incapaz, es que no quiero.
Mi egoísmo es brutal, más del que me gustaría, para la carrera que nos gusta.
Espero de verdad que crees un maravilloso cohete que llegue muy lejos y lleve un nombre tan original como el que no le puse al que me pediste que bautizara. Supongo que te gustó El Atlas de las nubes.
En fin, que nos vaya bien, viejo, algún día nos volveremos a ver.

lunes, 28 de abril de 2014

"Qué pronto se hace tarde"

El tiempo es un hijo de la gran puta, un soberano cabrón que ha destrozado mi armadura que forjaron los recuerdos que él mismo me regaló. Es como un mal novio, que me dice que jamás vuelve, pero sigue siempre ahí desgastando las piedras de mi muralla. Es que siempre andamos discutiendo y nuestra relación se vuelve casi fraternal: "Tiempo, devuélveme el momento", como quien pide a su hermana que traiga inmediatamente de vuelta la chaqueta vaquera que le prestó ayer. Pero el "momento" vale muchísimo más que una chaqueta vaquera y me aventuraría a decir que mucho más que cualquier otra cosa que se encuentre en este mundo de ratas y garrapatas (menos tus ojos, tus ojos valen más que cualquiera de las cuatro estrellas de Madrid) Entonces cambiamos de paradigma, dejando a un lado lo cualitativo de mi relación con el tiempo, me adentro de lo cuantitativo y en todos los minutos, segundos, horas, días, lustros, siglos, que se ha comido el muy cabrón. Esto ya se convierte en una guerra insalvable y sin final; este rey es un capullo, arremeto contra él con los ejércitos más preparados y siempre tiene una buena respuesta. Pero nunca me llega a exterminar y lo veo reírse desde el otro campo de batalla, porque por muy afiladas que sean sus espadas, siempre me vence con rosas y sin puñales. Y yo sé que juega conmigo y recuerdo las épocas en las que los días se alternaban entre regalos y batallas de mentirijilla. Pero el juego se ha ido endureciendo, el tiempo ya no me regala nada y, de hecho, cada día me va quitando más. Y yo desde mi castillo sigo mirando cómo el imperio se desvanece, pero aún le puedo robar muchísimas cosas que tiene escondidas entre sus faldas. Supongo que se comporta así porque sigue siendo como todos los demás, de esos que no soporta la libertad ajena y por eso me quiere encarcelar. El problema es que esto es mutuo, yo no soy sin él y él solo es conmigo, pero tendremos que darnos una tregua si no quiero terminar por asumir que la única libertad que existe, es la muerte.

miércoles, 23 de abril de 2014

Que llueva

Ya puede arder el infierno con mis dudas y errores en los confines de esta tierra. Ya puede diluviar esta noche, que yo debajo de tu pecho no veré la misma lluvia que toda esa gente asustada de ahí fuera. Quemas. Y quemas y derrites hasta mis labios cuando intentan besar la mancha de tu ojo pero déjate ya de besos y vamos a jugar, ¡que no hay tiempo que perder y no queda tanto para que amanezca! aunque en realidad en mis piernas ya lleva un rato saliendo el sol. Y entre tus lluvias y mis soles, se ha formado un bonito arco iris que ya quisieran muchos poder contemplar, con todos los colores, desde el verde de tus ojos al amarillo de mi camiseta, pasando por el rojo de tus labios, pero por dentro tú eres gris y apenas dejas que entre la luz. ¡Qué mentira más grande me cuentas! tus ojos no pueden no decir la verdad. Tus ojos, tus ojos, estoy obsesionada con ellos y con los pocos segundos que podemos compartir, que me hables de tus penas y alegrías y pongámonos a pasear por el jardín, yo plantaré flores y tú puedes plantarlas también, pero ya sabes de qué tipo, cariño, de las que lo ves to' a colores. Pero no te quedes callado, por favor, bueno, en realidad sobran las palabras cuando queremos acción. Qué sé yo de tú y de mí perdidos por ese jardín. Que te juro que fue un sueño y en él era más pacífica, gilipollas, no te pegaba esas ostias de antes de caer por la lanzadera de tu cuello. No me mires así que me sonrojas, como al Fito. Más tiempo, más, más y deja a un lado el gris, que te sienta fatal.

Febrero

No te haces a la idea de tu belleza. No te acercas, ni de lejos, a creer conocer las dimensiones de la catástrofe que provoca en mi desierto tu sonrisa cuando todo este feo vacío decide llenarse de ti. Porque se ha intentado llenar de flores y palacios y promesas de muchos otros, pero siempre termina decantándose por las tormentas de arena que desatan tus pestañas cuando se cierran y rozan mis mejillas. Y rompes la estratosfera cuando te agarras a mis caderas para galopar a ritmo rápido con aumentos de tensión y encuentras los puntos de inflexión de mis rodillas, que si, que ya sabes que te hablo del sexo ese que debería ser derecho constitucional unas tres veces al día. Pero es que no es sólo ese desastre, que también haces tormentas en mi oasis cuando hablas de libertad (que la tengo tatuada en las costillas y sabes interpretarla muy bien cuando la besas con esos labios fríos de arcilla) y del futuro, que no sé que será pero ojalá que yo sea algo tuyo y tú mi eternidad. Pero eres como un pájaro de esos exóticos que te encuentras en las tiendas y piensas... dios mío, lo tendría en mi casa enjaulado de por vida pero es tan precioso que sería una aberración. Entiende que no quiera besarte porque siempre me quedaré con ganas de más, con ganas de que esta noche te vuelvas a quedar dormido en mi pecho y despiertes confuso y ¡tetas!
No te haces a la idea de las dimensiones de la catástrofe. Ojalá nunca más pero, a la vez, un "para siempre que queramos", que suele ser un insaciable sin descanso. Ojalá me dejes entrar de lleno en tu alma y sepa si eres realmente lo que he andado buscando o acaso un fracaso de musa en cuyo caso prefiero que te quedes como estás. Pero a ver qué voy a hacer con esta curiosidad infinita que es el cuento de nunca acabar y nunca empezar.

sábado, 8 de marzo de 2014

Sirena

A veces me pasa que me pierdo muy dentro de mí y empiezo a plantearme todos y cada uno de los aspectos de la vida tonta que he llevado y llevo. Me cuestiono cada paso, mío y de los demás y me sumerjo en un mar infinito de dudas muy dulces que me intento beber y terminan por ahogarme. Trato de echar a volar con mi ala del costado para llegar a la libertad, que veo tan lejos, pero no es impermeable y me tengo que esperar en la orilla para que se seque. Y tú me miras de reojo, pero como siempre, ya eres una sombra de colores que me he acostumbrado a llevar de más. Y entre ese agua dulce de dudas, hay alguien que me quiere arrastrar a lo más profundo y anclarme a una roca de esas de las que no te puedes soltar. Resulta que ese alguien siempre soy mi otro yo, que soy la misma que decidió que las alas no fuesen impermeables para que me costase más echar a volar. Pero no es tan dramático porque ya me he aprendido a ignorar y comprender que ese otro yo nada tiene que hacer conmigo. Porque cuando toco fondo en ese mar de las dudas dulces, ardo, y renazco de mis cenizas, siempre más viva, más fuerte; y con esas llamas la sirena que me ancla se va cegando, hasta que llegue un día que no podrá encontrarme. Quién sabe, igual la echo de menos. 


martes, 21 de enero de 2014

Somos gilipollas

La verdad es que aquí dentro se está tan bien, sin nadie que me diga que soy la única que muerdo su piel. Porque las palabras son eso, palabras; y el viento no sé, pero más de un capullo he visto llevándoselas o atragantándose con ellas.
Sin nadie que me eche de menos o mentiras, porque los hombres son un poco Pinocho y a mayor mentira, más se les agranda la polla (que no a todos, que algunos ni mintiendo llegarían a sobrepasar la longitud de mi dedo índice). Pero a eso de las palabras y los capullos, que aquí lo que cuentan son los hechos.
Jamás podré llegar a entender el mal uso que se le da a la palabra, cuando es la expresión más bonita del ser humano para con los suyos. Y jamás entenderé cómo un ser inteligente, como se supone que somos nosotros, lo puede utilizar tan a la ligera sin pensar en ningún momento en la destrucción que puede causar en los sentimientos de los demás. En fin, que somos gilipollas, hablando en plata.
Quizá es por eso que prefiero el silencio después de un polvo a mil palabras sin sentido con las que te podrías morir (tú solo) atragantado.