A veces me pasa que me pierdo muy dentro de mí y empiezo a plantearme todos y cada uno de los aspectos de la vida tonta que he llevado y llevo. Me cuestiono cada paso, mío y de los demás y me sumerjo en un mar infinito de dudas muy dulces que me intento beber y terminan por ahogarme. Trato de echar a volar con mi ala del costado para llegar a la libertad, que veo tan lejos, pero no es impermeable y me tengo que esperar en la orilla para que se seque. Y tú me miras de reojo, pero como siempre, ya eres una sombra de colores que me he acostumbrado a llevar de más. Y entre ese agua dulce de dudas, hay alguien que me quiere arrastrar a lo más profundo y anclarme a una roca de esas de las que no te puedes soltar. Resulta que ese alguien siempre soy mi otro yo, que soy la misma que decidió que las alas no fuesen impermeables para que me costase más echar a volar. Pero no es tan dramático porque ya me he aprendido a ignorar y comprender que ese otro yo nada tiene que hacer conmigo. Porque cuando toco fondo en ese mar de las dudas dulces, ardo, y renazco de mis cenizas, siempre más viva, más fuerte; y con esas llamas la sirena que me ancla se va cegando, hasta que llegue un día que no podrá encontrarme. Quién sabe, igual la echo de menos.