Absurdo. Como esos collares que compra la gente para llamar a los ángeles y yo pienso: ¡qué tontería! Si en este mundo no hay ángel caído más hermoso que tú. Absurdo como los semáforos en ámbar cerca de un cruce si en ámbar solo se pone tu espalda cuando nos acechan los primeros rallos de luz. Absurdo. Como el cortejo de miradas perdidas cuando lo mejor es tirar de tu brazo y escondernos en cualquier baño sin luz.
Absurdo es pretender hacerte mi preso cuando siempre has sido tan libre, tan tú. Tan efímero como el suspiro de después de un polvo con calcetines de invierno, que te desvaneces como el humo que sale de tus pulmones y yo pienso en lo bonito que sería congelar esa imagen y hacerla eterna. Eterna y absurda como eres tú que te encuentro de frente sin conocerte. Tú que absurdo como yo que te escribo. Absurdo como el pase lo que pase cuando lo único que nos pasa es la vida y perdemos demasiado tiempo pensando si lo que nos conviene es piel con piel y ya sabemos que vamos a acabar en ese rincón. Absurdo es perder el tiempo con tanto pensamiento estúpido si podemos dejar a un lado la razón. Absurdo como tú y yo y esa cerveza antes de echarnos a volar con el humo que aspiras de entre mi(s) pecho(s). Absurdo como todo. Como siempre y como nunca.
sábado, 30 de noviembre de 2013
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Sin más
No hace falta maquillaje pa' descubrir un corazón, llevarlo lejos... tocar con las manos el alma y abordar la calma. Pasear sin rumbo fijo por tus nalgas de seda al compás del ritmo que marquen tus caderas mientras gimes que yo vuelva y comience una nueva reyerta que nos lleve al Edén del raro anochecer sin tus "peros" (y sin mis "peras"). Y sin ánimo más claro que el goce eterno de cuerpo y corazón, porque siempre que van unidos es mejor. Pero a falta de uno, bueno es el otro, me entrego libre con estos labios rotos.
Callos
Odio cuando mis recuerdos se ponen dignos y se enfadan sin motivo con mi querida amiga calma y explotan en trifulca en el momento más inadecuado; justo cuando no es el momento. Porque esta Julieta nunca va a entender que era el momento equivocado. Pero, a lo que iba, que putos recuerdos miserables y maldita calma mía que ya podía ser imperturbable.
En mi cabeza, ese terreno llano y casi inexplorado, se esconden que no veas de bien. Además he de añadirle que estos bastardos se disfrazan cojonudamente y cuando menos los esperas... ¡zas! Como cuando hablan de no sé qué mierdas de lunares en el ojo que, bueno, ya se sabe lo que a mí me gustaba explorar los de su cuello. Pero es que ya se pasan de la raya. Algunos han sido muy simpáticos, me dan buenas vibraciones, pero ahora.. les miro con otros ojos. Mira, no sé mucho de la vida, de hecho creo que no tengo ni idea, pero cuando se te hace ese vacío de no tener nada por lo que luchar, ya hasta los buenos recuerdos empiezan a doler. Teórica del amor sin siquiera haber sentido esos labios. Pero a lo de vacío; que no lo entiendo ni yo. Lo intentaré explicar de la manera más gráfica posible:
Cuando te pasas horas tocando la guitarra, pasan varias cosas. En primer lugar, en cuanto dejas de tocar, te duelen los dedos como si te hubiesen clavado chinchetas, se te adormecen las muñecas, tienes los músculos engarrotados... en fin, muy doloroso (consecuencias que tiene el arte; fascinante). Y, en segundo lugar, pasados unos días, se te despellejan los dedos y aquí llega lo mejor de todo: ¡Te sale callo!no sé si se entiende la comparación con el corazón. Lo bueno es que ya no te va a doler lo más mínimo; no vas a sentir nada. Es adorable lo que pueden llegar a hacer unas cuerdas y las ganas de hacerlas sonar. La cuestión es que yo toqué (aporreé, más bien) una guitarra con tanta fuerza y tan mal, durante tanto tiempo, que, además de conseguir un buen callo, rompí las cuerdas y se me rajaron las manos. Imaginaos el estropicio: manos callosas y con heridas. En efecto, tiré la guitarra a la basura. Me regalaron otra preciosa, nada que ver con la anterior, una de categoría, de esas que parece que se amoldan a tu cuerpo cuando las pones sobre tus muslos y la abrazas y... en fin, una hecha totalmente a mi medida. Coloqué los dedos, rasgué y, de repente, me acordé de mi anterior guitarra y, con una incertidumbre abrumadora, la partí en dos. Acto reflejo: si algo parecido te ha hecho daño, lo recuerdas y quiere alejarlo. Pensar que estoy loca es lo más sensato. ¿A quién coño se le ocurre romper una guitarra tan increíble como esa? Y estoy buscando en la basura, por si encuentro aunque sea esas antiguas astillas y, ya de paso, mi cerebro.
Y podría pasarme horas teorizando sobre las guitarras, el daño y yo sintiéndome guitarra en manos de mi propia guitarra vieja. Pero eso está de más.
Sin venir a cuento, quería decir que hay algo peor que el dolor, peor que sentir esas punzadas en un sitio donde debe ser lo que llaman corazón y que yo, personalmente, no tengo en el pecho. Y ese algo es no sentir absolutamente nada.
En mi cabeza, ese terreno llano y casi inexplorado, se esconden que no veas de bien. Además he de añadirle que estos bastardos se disfrazan cojonudamente y cuando menos los esperas... ¡zas! Como cuando hablan de no sé qué mierdas de lunares en el ojo que, bueno, ya se sabe lo que a mí me gustaba explorar los de su cuello. Pero es que ya se pasan de la raya. Algunos han sido muy simpáticos, me dan buenas vibraciones, pero ahora.. les miro con otros ojos. Mira, no sé mucho de la vida, de hecho creo que no tengo ni idea, pero cuando se te hace ese vacío de no tener nada por lo que luchar, ya hasta los buenos recuerdos empiezan a doler. Teórica del amor sin siquiera haber sentido esos labios. Pero a lo de vacío; que no lo entiendo ni yo. Lo intentaré explicar de la manera más gráfica posible:
Cuando te pasas horas tocando la guitarra, pasan varias cosas. En primer lugar, en cuanto dejas de tocar, te duelen los dedos como si te hubiesen clavado chinchetas, se te adormecen las muñecas, tienes los músculos engarrotados... en fin, muy doloroso (consecuencias que tiene el arte; fascinante). Y, en segundo lugar, pasados unos días, se te despellejan los dedos y aquí llega lo mejor de todo: ¡Te sale callo!
Y podría pasarme horas teorizando sobre las guitarras, el daño y yo sintiéndome guitarra en manos de mi propia guitarra vieja. Pero eso está de más.
Sin venir a cuento, quería decir que hay algo peor que el dolor, peor que sentir esas punzadas en un sitio donde debe ser lo que llaman corazón y que yo, personalmente, no tengo en el pecho. Y ese algo es no sentir absolutamente nada.
jueves, 7 de noviembre de 2013
LIVE FAST. DIE YOUNG. BE WILD. AND HAVE FUN.
I was in the winter of my life- and the men I met along the road were my only summer. At night I fell sleep with vision of myself dancing and laughing and crying with them. Three year down the line of being on an endless world tour and memories of them were the only things that sustained me, and my only real happy times. I was a singer, not very popular one, who once has dreams of becoming a beautiful poet- but upon an unfortunate series of events saw those dreams dashed and divided like million stars in the night sky that I wished on over and over again- sparkling and broken. But I really didn’t mind because I knew that it takes getting everything you ever wanted and then losing it to know what true freedom is.
When the people I used to know found out what I had been doing, how I had been living- they asked me why. But there’s no use in talking to people who have a home, they have no idea what its like to seek safety in other people, for home to be wherever you lied you head.
I was always an unusual girl, my mother told me that I had a chameleon soul. No moral compass pointing me due north, no fixed personality. Just an inner indecisiviness that was as wide as wavering as the ocean. And if I said that I didn’t plan for it to turn out this way I’d be lying- because I was born to be the other woman. I belonged to no one- who belonged to everyone, who had nothing- who wanted everything with a fire for every experience and an obssesion for freedom that terrified me to the point that I couldn’t even talk about- and pushed me to a nomadic point of madness that both dazzlez and dizzied me.
Every night I used to pray that I’d find my people- and finally I did- on the open road. We have nothing to lose, nothing to gain, nothing we desired anymore- except to make our lives into a work of art.
LIVE FAST. DIE YOUNG. BE WILD. AND HAVE FUN.
I believe in the country America used to be. I belive in the person I want to become, I believe in the freedom of the open road. And my motto is the same as ever- *I believe in the kindness of strangers. And when I’m at war with myself- I Ride. I Just Ride.*
Who are you? Are you in touch with all your darkest fantasies?Have you created a life for yourself where you’re free to experience them?
I Have.
I Am Fucking Crazy. But I Am Free.
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