viernes, 1 de junio de 2018

Volver

Latente. Corazón latente. Vida ausente y desbocada. Sentimiento apagado. Calma. Tanta calma.
El ancla tiene raíces. Tanto tiempo la dejé apretarme contra el suelo que se volvió verde, perdió el brillo, se mantuvo ahí como un buen recuerdo del pasado y me miraba de reojo. Y yo miraba a otro lado.
En la tierra firme que piso he construido montañas, he cambiado de forma sutílmente sin saber muy bien por qué. Y me dejé llevar. El tiempo ha pasado y yo me dejé llevar, me olvidé de mi cuerpo, dejé mi alma a un lado y no paré de construir. Ahora tengo un campo sembrado de castillos y no encuentro dónde olvidé la luz. El ancla me mira de reojo. Y por una vez, la miré de frente.
Ando flotando en mi mimismez, buscando sin descanso donde me dejé. Limpié todo el verde marchito del ancla con el mismo agua de mar de donde la saqué y la sentí fresca y cercana pudiendo reconocerme en el reflejo, aunque sin saber de verdad si era yo.
Extranjera de mi misma no paro de buscarme.
Y aun no me encuentro en mis propios ojos que no son los mismos que prometían caos, no son los mismos en los que me veo en un bucle infinito de reflejos y formas. No son, pero ¿soy?