La verdad es que aquí dentro se está tan bien, sin nadie que me diga que soy la única que muerdo su piel. Porque las palabras son eso, palabras; y el viento no sé, pero más de un capullo he visto llevándoselas o atragantándose con ellas.
Sin nadie que me eche de menos o mentiras, porque los hombres son un poco Pinocho y a mayor mentira, más se les agranda la polla (que no a todos, que algunos ni mintiendo llegarían a sobrepasar la longitud de mi dedo índice). Pero a eso de las palabras y los capullos, que aquí lo que cuentan son los hechos.
Jamás podré llegar a entender el mal uso que se le da a la palabra, cuando es la expresión más bonita del ser humano para con los suyos. Y jamás entenderé cómo un ser inteligente, como se supone que somos nosotros, lo puede utilizar tan a la ligera sin pensar en ningún momento en la destrucción que puede causar en los sentimientos de los demás. En fin, que somos gilipollas, hablando en plata.
Quizá es por eso que prefiero el silencio después de un polvo a mil palabras sin sentido con las que te podrías morir (tú solo) atragantado.