Hace tanto que no te escribo que te tenía guardado ya en el cajón de los olvidos...
Pero como siempre, tienes la llave y sales y vuelves y volamos y casi podemos tocar el cielo pero nos torcemos y caemos y una vez más tú y otra vez yo flotando, suspendidos en el aire comiéndonos como si no hubiese mañana.
Pero siempre lo hay y despertamos; otra vez la realidad que nos golpea en la cara y nos deja ciegos. Porque nadie, nunca nadie, nadie excepto tú puede enviarme hacia el espacio y devolverme hacia su cama. Y en las noches más oscuras me harás levitar en descuidos que haremos universos. Porque de eso se trata. De andar siempre en espiral, encontrar una salida y que aparezcas.
Somos imanes en este mundo de cristal. Polos opuestos que se atraen, O demasiado iguales y quizá por eso necesitemos tanto espacio. Para retomar la energía y volver cargados, preparados para la batalla.
Permiso concedido.