viernes, 23 de mayo de 2014

¿Qué hay de nuevo, viejo?

La verdad es que ya no le escribo como antes. Te habrás fijado. Aunque parece que sí más profundo.
No sé si empezar con disculpas o pasar directamente a quitarme la faja. El caso es que estoy aquí, como siempre, cobarde, escribiéndote desde lejos. Porque quizá buscarte por una ciudad me llevaría demasiado tiempo.
He pasado varias veces por el callejón que da la plaza, y me he sentado en el mismo portal donde gastamos una caja entera de cigarrillos. He bailado igual que bailé esa noche que te dejé acorralarme en el escenario. Pero eso da igual, porque no estabas. También he ido un par de veces a estudiar a tu facultad, pero igual te has ido ya con un cohete de los tuyos a salvar Marte. ¿Sabes que hay un voluntariado para cuidar de niños en Marruecos? Podríamos ir juntos a salvar el mundo. Sé que no perdiste mi teléfono. Lo he comprobado. Si el de la foto es tu padre, os dais un aire.
No se me da bien el tema de que alguien me desmonte el mundo, ¿sabes? No me gusta, ni me gustará, no ser yo la que controle la situación. Y eso no es excusa para no haber merendado una tarde juntos, o dar un paseo por el parque con mi andador y tu bastón. Da igual. Siento no haber podido ser valiente, ni querer serlo ahora, no va conmigo.
Tunnel of love era una buena canción, y deberías leer el Ensayo sobre la ceguera de Saramago.
Lo que quería decir es que no soy capaz de meter a gente en mi vida a la que pueda herir sin herirme yo, o viceversa, yo que sé, como si tuviese un tapón en el culo del corazón, o del cerebro, pero que lo único que hace es acumular mierda. Que es lo único que crío últimamente.
No es que mi vida sea un camino de rosas, pero creo que fue suficiente lo que te hice esperar un saludo. Y motivos no te sobraron para no volver, y no sé los que tuviste para una despedida tan curiosa. Yo que suelo borrar toda la basura que me llega al correo.
No sé. Fue bueno conocerte. Y mi despedida llega con muchísimo retraso, pero ya sabes que estoy un poco ciega, y tengo una lista enorme de cosas que hacer antes de morir, y cosas que intentar darle antes de morir, y no soy capaz de romperla y tirarla a la basura. Bueno no digamos que soy incapaz, es que no quiero.
Mi egoísmo es brutal, más del que me gustaría, para la carrera que nos gusta.
Espero de verdad que crees un maravilloso cohete que llegue muy lejos y lleve un nombre tan original como el que no le puse al que me pediste que bautizara. Supongo que te gustó El Atlas de las nubes.
En fin, que nos vaya bien, viejo, algún día nos volveremos a ver.