jueves, 15 de enero de 2015

Lux aeterna

¿Dudas? Dudo de mis dudas de dudosa credibilidad. De hecho, ando en un puente de cuerdas dentro de mi pensamiento. Me desnudo ante toda esa amalgama de sabiduría, palabras, quejidos, sudores fríos, gritos, pasos, tic-tac, y, sin embargo, es como flotar en un absoluto vacío en posición fetal y con los ojos bien abiertos, sin ver nada y a la vez viendo todo lo que quiero sin quererlo. Es como si toda la basura (basura, regalos, estiércol, obsequios, caca, comoquierasllamarlo) se hubiese fusionado para llegar a la verdad más absoluta: nada. El sonido no existe. La voz no existe. No hay tacto. Ni olores. Aunque quisiera comer, no saborearía nada. Nada. Pero todo a la vez. Llegando al punto de decidir que pensar demasiado me está produciendo lo que a veces se entiende como crisis existencial.
Volviendo al ejemplo del puente de cuerdas. En pleno centro de la estructura, equilibrio, acción, adrenalina, el abismo a mis pies, me sujeta solo la idea de sujeción que he creado. No sé si me explico. Que todo esto es por dentro. Metáforas, aliteraciones, antropomorfismos, paralelismos, símiles y verosimilitudes. La selva, mi selva, lo salvaje que me queda por descubrir cuando salga del puente. Avanzo, avanzo, y las fieras me intentan cortar las cuerdas. Pero las creo otra vez. Y huyo y vuelo y ya todo tiene sentido otra vez, o al menos lo tendrá hasta que encuentre otro puente.
Ya me he cansado de crear siempre lo mismo; si todo es una mentira, al menos puedo decidir en qué mentiras vivo, a qué mentiras me presto. La selva amazónica que me he encontrado no tiene que ser domada, como habría de pensar el mundo incivilizado (arrastrando a sus fauces todo lo que no encaja con su inaturalidad de depredadores insaciables), sino descubierta. Con tantos años viviendo en el mismo sitio y yo centrada en mi pequeña cabaña. La comodidad ya no es cómoda. No puedo evitar empaparme de todo lo que me rodea. Como si ahora todo tuviese el sentido que siempre ha tenido pero nunca me atreví a visualizar.
Qué banalidad centrarte en tu espacio cuando hay tanto de lo que puedes aprender. Nunca me había sentido tan bien. Liberarse y perdonarse tienen su sabor amargo y dulce, como la cosa esa de los cigarrillos que decía Johnny Quid "Lo que al principio es dulce, al final es amargo… y lo que es amargo, al final es dulce"
Supongo que me he despertado.