lunes, 15 de octubre de 2012

HIJOS DE PUTA

¿Te has reventado alguna vez la cabeza contra el suelo? ¿Alguna has estado apunto de perder una pierna? ¿Has sentido alguna vez cristales que te arañan hasta la garganta? ¿Has mordido alguna vez una copa de champan? ¿Te has clavado las uñas hasta sangrar?
Pues todo eso, magnífico magnate con gaznate de pollo viejo, no es ni la mitad del dolor que he sentido por querer tanto y conseguir tan poco.
Yo sé que ni tú ni yo somos perfectos. Pero yo me creía perfecta. En algún momento de mi asquerosa y rastrera existencia me lo creí. Y así he acabado.
¿Alguna vez te has buscado a ti mismo hasta debajo de los armarios de tu madre? Seguro que si.
Es una mierda la desilusión, el desazón que me da el no encontrarme y haberme perdido y saber que quiero pero que no quiero y a la vez me muero de ganas por querer y no lo consigo. Es una real mierda el estar tan perdida y sola entre todos estos hijos de puta a los que no les importo un bledo porque ni me conocen y quizá ni me lleguen a conocer.
Y así es como me doy cuenta de que no soy perfecta. Y entonces me cabreo. Me cabreo porque no tengo ni puta idea de cómo cojones expresarme. Y eso es una caca tan grande como tu cabeza. Y ¿qué coño haces leyéndome? estoy hasta las tetas de todo y de cómo todo lo que había construido se viene abajo.
Cállate, gilipollas, no estoy hablando de la universidad. A mí eso me suda las bragas.
Es algo más, algo más, algo que se me ha perdido no sé dónde y no lo encuentro. Me he perdido y no me encuentro. Me echo de menos. Nos echo de menos.
¿Qué cojones hago hablando con un magnate?
Tengo una sombra echada encima que no me deja ni avanzar.