viernes, 19 de octubre de 2012

Humillación de haber llegado al límite.


«Tu situación es abominable  -me decía a mí 
mismo-, pero no puede ser otra; no tienes ninguna salida; no podrás cambiar nunca, porque, aunque 
tuvieras el tiempo y la fe necesarios para ello, no querrías convertirte en otro hombre. Por otra parte, 
aunque quisieras cambiar, no podrías. ¿En qué otra cosa te transformarías? ¡Quizá no hay ninguna!»

Dostoyevski.