Primero habría que decir porqué no puede.
No puede porque no respira. Se ha ahogado en la almohada que está empapada de lágrimas. Que ella dice que son de felicidad. Pero yo sé que miente. Miente porque no está nada feliz e intenta aparentarlo. Pero no quiere que hable de eso.
No puede porque no le responden las manos. Veréis que poco a poco se arquea como la cola de una lagartija. La verdad es que en esa azotea que se creo no hace tanto, ya no caben más cosas. Y se ha dejado fuera a todos los monos. El otro día la vi escribir (no se lo digáis, por favor) en la pared de su habitación: Solemos ser el último mono de quien es nuestro primer mono.
Lleva muchas tardes fuera de casa. Sus padres creen que estudia en la biblioteca aunque en realidad se está escabullendo para escribir. Se pasa horas enteras estallando, de vez en cuando, las hojas. Escribe tantos recuerdos que apenas soy capaz de leerlos todos. Los guarda en una vieja carpeta forrada de tickets de autobús y me da miedo abrirla por lo que pueda encontrar.
Hay unos ojos muy raros en la puerta de su habitación, una hoja de cuaderno con trozos de algo que debió romper hace tiempo que habla de que no se olvide de que la quiere. Debía ser un buen tipo. Luego tiene garabateado un enorme come what may y mil millones de frases más que haría falta un experto para descifrarlas.
Últimamente la veo un poco más fuente de lo normal. Creo que echa de menos a alguien. Creo que aun no lleva muy bien eso de cambiar de aires.
También la escuché hablar con el oso. Y no paraba de repetirle que ojalá nadie se diese cuenta de lo maravilloso que era vetetúasaberquién, y que ojala vetetúasaberquién algún día la echase de menos.
Creo que tirita. Voy a echarle una manta.
Disculpadme.