sábado, 24 de agosto de 2013

Los imposibles

Curiosamente, comiendo un quesito de burgos he llegado a su misma conclusión de que no podemos, ni podríamos, estar juntos. Jamás.
Lo cierto es que me ha llevado bastante tiempo conseguir este punto de vista.
Mira, a él no le gusta el tomate y yo desayuno, como y ceno con esa maldita mierda. Fuma en todas partes y en mi casa solo se fuma en la cocina. Le encanta la soledad casi tanto como a mí y eso es lo peligroso. Las personas como nosotros necesitamos que alguien nos saque de nosotros mismo. Y ni yo lo voy a conseguir con él, ni él conmigo.
No se conoce demasiado y tiene dos versiones de un mismo yo. Ni siquiera se quiere, aunque en esos aspectos ha mejorado bastante y espero haber tenido un poquito que ver.
Momento por momento repaso todo en mi cabeza. Es algo que hacemos todos los ilusos cuando vemos que se nos escapa. Buscamos el fallo, el momento en el que destrozamos nuestro orgullo y jugamos mal las cartas. En este mi caso creo que "el fallo más grande pasó por guardar solamente los días más gratos y olvidar los demás". Fue esa maldita chapa de mechero. El fallo fue With me a solas y esa estúpida promesa conmigo misma de que quién sería el caballero que la escuchase a mi lado.
Pero volviendo al principio, daré los mejores motivos que pensé ayer borracha a las 8 de la mañana llorando como una niña en la cama.
El motivo principal no es la distancia. Es que no me quiere. La distancia es un puto pedo de marica cuando de verdad quieres a alguien. ¿Y porqué no me quiere? Pues porque tiene miedo. He hecho cosas mal pero contra eso no se puede luchar. Un corazón tan roto como el suyo necesita de alguien más fuerte que yo para reponerse. Y yo he fracasado. No he dado la talla. Y en eso igual tiene un poco que ver la distancia y se forma aquí un bucle infinito que demuestra que el universo nos puso aquí para conocernos, querernos y hacernos imposibles.
Imposible. Imposible. Esa palabra tan fea, fría y realista.
Imposible es no fijarse en su manera de andar y de inflar los mofletes. Imposible es no querer pasar una tarde a solas filosofando sobre lo puta que es la vida y metiéndole el dedo en la nariz y la mano en ese corazón tan transparente. Imposible es no fijarse en como bebe la cerveza y suelta el humo del porro entre los dientes. Imposible es no volver a imaginar su culo saliendo por la puerta y luego volviendo otra vez.
Imposibles somos nosotros.
Aunque ojalá otro tiempo y otra época. Y ojalá yo equivocándome con todo esto.
Let it be.