miércoles, 23 de abril de 2014
Que llueva
Ya puede arder el infierno con mis dudas y errores en los confines de esta tierra. Ya puede diluviar esta noche, que yo debajo de tu pecho no veré la misma lluvia que toda esa gente asustada de ahí fuera. Quemas. Y quemas y derrites hasta mis labios cuando intentan besar la mancha de tu ojo pero déjate ya de besos y vamos a jugar, ¡que no hay tiempo que perder y no queda tanto para que amanezca! aunque en realidad en mis piernas ya lleva un rato saliendo el sol. Y entre tus lluvias y mis soles, se ha formado un bonito arco iris que ya quisieran muchos poder contemplar, con todos los colores, desde el verde de tus ojos al amarillo de mi camiseta, pasando por el rojo de tus labios, pero por dentro tú eres gris y apenas dejas que entre la luz. ¡Qué mentira más grande me cuentas! tus ojos no pueden no decir la verdad. Tus ojos, tus ojos, estoy obsesionada con ellos y con los pocos segundos que podemos compartir, que me hables de tus penas y alegrías y pongámonos a pasear por el jardín, yo plantaré flores y tú puedes plantarlas también, pero ya sabes de qué tipo, cariño, de las que lo ves to' a colores. Pero no te quedes callado, por favor, bueno, en realidad sobran las palabras cuando queremos acción. Qué sé yo de tú y de mí perdidos por ese jardín. Que te juro que fue un sueño y en él era más pacífica, gilipollas, no te pegaba esas ostias de antes de caer por la lanzadera de tu cuello. No me mires así que me sonrojas, como al Fito. Más tiempo, más, más y deja a un lado el gris, que te sienta fatal.