Rasgo mi alma imperecedera
para evitar
que duela de nuevo.
Y calmo las fuerzas que afloran
a esperanza de que vuelvas.
Me taladro los ojos
y me reviento el pecho.
Para no pensarte.
Me arranco de un tirón la máscara para que me descubras.
Cae al suelo.
No la miras.
El tridente de la realidad
me atraviesa la espalda en un suspiro.
Mientras,
miro como marchas sobre el rocío.
Y relinchan otra vez
mis parásitos a la espera de la calma.
"No te preocupes"
Me dice mi demonio.
"El la noche está la respuesta que ya conocías".
Comprendo que estoy hecha para eso.
Rindo mis venas ante abrazos vacíos y besos sinsentido.
Como mierda que soy
y he sido.