lunes, 7 de mayo de 2012

Godot

¿No ha terminado de envenenarme con sus historias sobre el tiempo? ¡Insensato! ¡Cuando! ¡Cuando! Un día, ¿no le basta?, un día como otro cualquiera, se volvió mudo, un día me volví ciego, un día nos volveremos sordos, un día nacimos, un día moriremos, el mismo día, el mismo instante, ¿no le basta? Dan a luz a caballo sobre la tumba, el día brilla por un instante, y, después, de nuevo la noche... ¡En marcha!
Y se pregunta Vladimir:
¿Habré dormido mientras otros sufrían? ¿Acaso duermo en este instante? Mañana, cuando crea despertar, ¿qué diré acerca de este día? ¿Que he esperado a Godot, con Estragon, mi amigo, en este lugar hasta que cayó la noche? ¿Que ha pasado Pozzo, con su criado, y que nos ha hablado? Sin duda. Pero, ¿qué habrá de verdad en todo esto? Él no sabrá nada. Hablará de los golpes encajados y yo le daré una zanahoria. A caballo entre la tumba y un parto difícil. En el fondo del agujero, pensativamente, el supulturero prepara sus herramientas. Hay tiempo para envejecer. El aire está lleno de nuestros gritos. Pero la costumbre ensordece. A mí también, otro me mira, diciéndose: Duerme, no sabe que duerme. No puedo continuar. ¿Qué he dicho?