martes, 22 de mayo de 2012

Mina de carbón

Al final de aquel camino resaltaba ya la cantera. Sus manos llevaban manchadas tantos años como palazos había recogido y sus pulmones, ya fuera de aquel maldito lugar, se aliviaban con el aire fresco que aspiraba. Aspiraba, aspiraba y de repente, su perfume. Hacía inviernos que no sabía de ella, hacía tanto tiempo y tantas veces la había recordado que suponía que aquello era otra quimera. Sus ojos estaban ciegos de aquel resplandor del sol de ____. Secó el sudor de su frente que pese a la juventud ya se había arrugado como una sábana. Escupió al suelo sin saliva para alejar el olor cuando percibió la sombra de la silueta de aquella mujer. "¡Malditos sean los cielos que confunden sueño con realidad!". Pero lo que ignoraba es que era ella. Ella con su amargo perfume rebelde, ella con sus ojos de leona y sus andares de mujer. Era, sin lugar a dudas, ella. La parálisis recorrió su rostro, le temblaron hasta las pantorrillas y en su mente aquel _______, cuando la dejó marchar. ¿Cuanto hacía ya de eso?. Juventud desperdiciada y ahogada en la cantera mientras ella, tan bella, afrodisíaca flor de ciudad, maravilla que sus ojos observaban, volvía. ¿Por qué aquel afán de perseguirle?. ¿Por qué...?
No hubo más tiempo para preguntarse. En dos segundos atravesaron la oscuridad, chocaron imantados en la piedra negra, gritaron extasiados que se echaban de menos. Confundía ella sus lagrimas con su saliva, cunfudía los botones, y las manos, y los orgullos. Sudor, rabia, furia. Todo de una vez como un soplo de aire fresco entre los labios. Zarandearon sus almas y un perdón surgió de todo aquel asunto descontrolado de vuelta a aquel _________. Uno, si, siempre habían sido uno desde la primera mirada felina. Y con el color de la pared adherido a la piel, follaron aun con casco y tacones, follaron como la primera vez. O, en su caso, hicieron el amor como a ella le gustaba decir. Hicieron el amor como fieras salvajes, amoldándose los cuerpos, confundiéndose las sombras, los gritos, los fluidos y los pensamientos. Hicieron el amor como en enero, como leones, atados el uno al otro, con fuerza, suspiros y pelos alborotados.
Porque, en cierto modo, no se habían olvidado.