En mi cabeza, ese terreno llano y casi inexplorado, se esconden que no veas de bien. Además he de añadirle que estos bastardos se disfrazan cojonudamente y cuando menos los esperas... ¡zas! Como cuando hablan de no sé qué mierdas de lunares en el ojo que, bueno, ya se sabe lo que a mí me gustaba explorar los de su cuello. Pero es que ya se pasan de la raya. Algunos han sido muy simpáticos, me dan buenas vibraciones, pero ahora.. les miro con otros ojos. Mira, no sé mucho de la vida, de hecho creo que no tengo ni idea, pero cuando se te hace ese vacío de no tener nada por lo que luchar, ya hasta los buenos recuerdos empiezan a doler. Teórica del amor sin siquiera haber sentido esos labios. Pero a lo de vacío; que no lo entiendo ni yo. Lo intentaré explicar de la manera más gráfica posible:
Cuando te pasas horas tocando la guitarra, pasan varias cosas. En primer lugar, en cuanto dejas de tocar, te duelen los dedos como si te hubiesen clavado chinchetas, se te adormecen las muñecas, tienes los músculos engarrotados... en fin, muy doloroso (consecuencias que tiene el arte; fascinante). Y, en segundo lugar, pasados unos días, se te despellejan los dedos y aquí llega lo mejor de todo: ¡Te sale callo!
Y podría pasarme horas teorizando sobre las guitarras, el daño y yo sintiéndome guitarra en manos de mi propia guitarra vieja. Pero eso está de más.
Sin venir a cuento, quería decir que hay algo peor que el dolor, peor que sentir esas punzadas en un sitio donde debe ser lo que llaman corazón y que yo, personalmente, no tengo en el pecho. Y ese algo es no sentir absolutamente nada.