No hace falta maquillaje pa' descubrir un corazón, llevarlo lejos... tocar con las manos el alma y abordar la calma. Pasear sin rumbo fijo por tus nalgas de seda al compás del ritmo que marquen tus caderas mientras gimes que yo vuelva y comience una nueva reyerta que nos lleve al Edén del raro anochecer sin tus "peros" (y sin mis "peras"). Y sin ánimo más claro que el goce eterno de cuerpo y corazón, porque siempre que van unidos es mejor. Pero a falta de uno, bueno es el otro, me entrego libre con estos labios rotos.