domingo, 12 de febrero de 2012

Las sombras
se funden con la luz
de un lúgubre colchón.
Tu alma está tan cansada que
apenas puede con el ritmo
que marca el compás
de mi corazón.
Y piensas.
Pensamos ambos y nos quemamos
sin quererlo
mientras surge de tu pecho un gemido
casi inaudible.
Pero suena como un trueno en mis oídos.
Y retumban las paredes
quejándose de haberse despertado en mitad de su siesta.
Quizá
seamos los primero en despertar hoy.
Aún no hemos dormido.
Tus brazos
no me lo permiten.
Es la curva de tus labios la que canta
esta noche.
Son tus alas
de diablo,
las que intentan sobrellevarlo.

Es el daño que nos hacemos.
Como buenas mierdas
que somos.
Porque sabemos que en el fondo,
nadie nos recordará
en un par de años.
Pero cierra los ojos,
niño.
¡Hazle el amor otra vez!