Que digo yo que a ver si Dios algún día podría bajarme un poco de chocolate caliente del cielo.
No, por que Dios no existe.
Pero el caso no era ese. Era contar la magnifica y sencilla razón por la que seguía allí. Si, seguía allí. Sin miedo a nada. Un día hubo barreras, de esas enormes que no se saltan ni con tus amigos dándote impulso en los pies, pero ahora ya se había caído. Todo daba igual, solo quería saltar y reír y decir: ¡Mira, soy yo!¡Soy yo y nadie más que me preocupe!.
Y así ha sido.
Y será.
Mira, hay un lugar que pocos conocen que ella llamaba "la lata de sardinas". ¿Que por qué ese nombre?. Pues hombre, todos sabían que estaba un poco de la olla. Y allí hacía todo tipo de gilipolleces relacionadas con lecciones morales y consejos. Estallaba en pedazos cada vez que tenía que deshacer un nudo. En realidad lo sigue haciendo. Pero en otro sitio. Por que hace unas semanas ha cambiado de sitio a la "azotea de sapos". Que oye, no se está tan mal.
En la "azotea de los sapos" aún hay gente por echar. Ojala que empiece pronto, porque a mi me empieza a aburrir toda esa gente tonta que no hace más que hablar de ellos mismo y de "mira como esa ha hecho... " o "¿has visto pepitagrilla que...?"
Todo es cuestión de hacer limpieza y yo la estoy ayudando.
Me dijo que se había cansado de la lata de sardinas, así que, chicos, estamos creando el nuevo mundo de la azotea de sapos. Desearnos suerte.
Pd: Dios, bájanos del cielo un chocolate caliente.