martes, 11 de septiembre de 2012

Hierro

Yo te lo cambio todo por un beso. Me despejo y despojo de tu alma. Yo te dejo ir donde tú quieras, te regalo las flores del invierno y los mares presos en las drogas. Yo te permito que me pises el costado en mis caídas. Te dejo que me achuches en los prados baldíos donde están muriendo los corderos. Yo dejo que mates las hormigas de mi cuello, que bebas en las fuentes prohibidas y mueras cada día un poco más.
Yo te lo cambio todo por un beso. Te cambio mis cromos y mis libros. Mis pesadillas y mis sueños. Yo te dejo que te codees con la plebe. Y que rompas paredes a puñetazos. Te dejo que me muerdas las orejas y me arranques las pestañas. Yo te permito que ames y dejes amar. Y que me ames, si quieres, también.
Yo te lo cambio todo por un beso. Las mariquitas marchitas, las duchas frías de verano, los pantalones cortos de medio cachete fuera, las sudaderas y pulseras, las ventosas que no paran de pegarse en mis cristales. Las chanclas desgastadas, las caricias que me dabas, las gafas de no ver y las magdalenas de chocolate.
Yo te lo cambio todo por un beso. Mi existencia, mi titubeo cuando te veo, mi llanto de media noche, mi vergüenza de pingüino, mi elegancia escondida, mi ilusión por la vida, mi carcajada y mi sonrisa.
Yo te lo cambio todo por un beso.
Pero no me olvides.