domingo, 30 de septiembre de 2012

Monos

Los recuerdos se acumulan, de vez en cuando, en las tardes de frío y lluvia. O en las noches celestes y mágicas de irremediable insomnio. La verdad es que hoy no tenía demasiado en qué pensar. En lo de siempre, suponía. En aquel terco y estúpido mono de feria que colgaba de la pared. ¡Que no es mentira ni ironía! Que el mono está ahí, lo verifico. Aunque también pensaba en otros monos. Los del libro que se acababa de leer. Bueno, igual había otro mono que le preocupaba. Era ese enorme y marrón con pajarita que llevaba vete tú a saber cuánto tiempo en la habitación. ¡Vaya si le preocupaba! ¡Estaba lleno de lágrimas !. Pero, a ver, para. Que las lágrimas no son siempre de dolor. Estaba lleno de lágrimas porque llevaba toda la tarde partiéndose el culo porque se había dado cuenta de que vaya mierda de vida. Se partía el culo porque hacía dos días estaba ahí, en ese mismo escritorio, escribiendo no sé qué pollas del positivismo y lo bonito que es vivir. "¡Menuda gilipollas!" pensó. Y llevaba tres horas riéndose, que no es poco. Pero estábamos hablando de monos, no de lágrimas ni de vidas de mierda. El caso es que había otro mono que también le quebraba la cabeza. Si a eso se le podía llamar mono, claro... Era, en realidad, un dibujo de un esqueleto de mono que había visto en un libro de historias de miedo y que había intentado redibujar a su manera sin ningún éxito. ¡Menuda jodienda! Odiaba que los dibujos le saliesen mal, y eso que no sabía dibujar. Bueno, a lo que íbamos: los monos. Eran como los gatos, estaban en todas partes. ¿Que qué ha hecho? Se los ha llevado todos a la "azotea de sapos". Si, es que allí mete toda la mierda. ¡Anda, mira! también hay osos. ¿Por qué narices tendrá la tipa esta la habitación llena de monos y de osos?. Está completamente de la olla. To crazy. Pero bueno, no para de reírse y de llenar el mono de lágrimas. Pero creo que ahora ya no son lágrimas de felicidad. Es que es incapaz de meter al último mono en la azotea. ¡Claro que es imposible! ¿Te crees que no ibas a despertar pensando en ese mono?. Pobre ilusa. Me da pena. Luego iré a consolarla. Es que ese maldito mono de los ojos tristes y manchados ni siquiera está ahí y sigue hasta el cuello metida en la mierda. Pobrecilla. Voy a consolarla. Ya volveré con nuevas noticias (esperemos que buenas) de la azotea en la que mete monos, osos y mierda.